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¿Nos alimenta la leche de Vaca?

ferran 31-05-2008 GTM 1 @ 09:15

¿NOS ALIMENTA LA LECHE DE VACA?

Por Jose Ramón Lobo Rico

Existe la creencia de que la leche de vaca y sus derivados son alimentos importantes en la alimentación humana, muchas personas experimentan grandes dudas cuando su naturópata les sugiere dejar por completo los lácteos debido a un problema de salud.

La sociedad, la comunidad científica y las instituciones creen que la leche y los lácteos son imprescindibles para tener una nutrición completa, que estos alimentos son imprescincibles para el crecimiento de niños y jóvenes, para el cuidado de la mujer en su embarazo y para que también transite correctamente en la menopausia. Sin embargo esto es solo una pura creencia, detrás de todo esto no hay mas que un alimento nos presenta muchas dificultadas para ser digerido, asimilado, que nos nutre en pequeña medida a costa de un fuerte gasto energético y nos deja importantes residuos metabólicos, convirtiéndose en un importante factor de toxemia endógena.

Uno de los problemas principales de la digestión y asimilación de la leche de vaca es su excesivo contenido en caseína, que neutraliza el grado de acidez de los jugos gástricos, necesarios en el estómago, favoreciendo después en la siguiente fase digestiva, infecciones y putrefacciones intestinales.

En el estómago del lactante, la leche maternizada (de vaca) se coagula en grumos, manteniéndose sus proteínas estables más de 1 hora, cuando las proteínas de la leche materna son estables solo 15 minutos. Esto provoca que las proteínas extrañas, no suficientemente desdobladas en la digestión del estómago, pasen al intestino delgado casi intactas, sin digerir, y allí produzcan problemas de sensibilización, inflamación intestinal y mala absorción.

Es posible que la diferente composición y proporciones de los aminoácidos en la leche de vaca, respecto a la leche materna también influya en la dificultad de su digestión, asimilación y metabolismo.

La composición mineral de la leche de vaca, también es muy diferente a la materna. Contiene seis veces más fósforo y cuatro veces más calcio, como consecuencia de esto se produce un estímulo excesivo de las glándulas paratiroideas, y un incremento de la excreción urinaria del exceso de fósforo.

En cuanto a la proporción de las grasas en la leche de vaca y en la materna, es semejante, pero no así su composición. La leche humana es rica en ácido linoléico, importante para la maduración del Sistema Nervioso del bebé.

Pero en uno de los aspectos que existen mayores diferencias es en las hormonas principalmente las del crecimiento, que junto con el tipo de proteínas hacen que el crecimiento sea más rápido o más lento. Como ejemplo está que un bebé dobla su peso en seis meses, llegando a los 7 kilos, mientras que un ternero lo dobla en 47 dias, llegando a los 100 kilos.

¿Reacciona el organismo contra las proteínas de la leche de vaca?

La leche de vaca al ser ingerida, neutraliza la acidez gástrica, impidiendo a las enzimas del estómago desdoblar las proteínas de la leche para ser digeridas, pasando al intestino delgado parcialmente digerida o fragmentada. Este problema es mayor en el adulto pues deja progresivamente de fabricar renina gástrica, enzima importante encargada de romper las grandes cadenas de la caseína.

Cuando los fragmentos grandes no digeridos de la leche de vaca sobre todo caseina, pasan al intestino, actúan como pegamento depositándose en los folículos linfáticos del intestino, entorpeciendo la absorción de nutrientes y generando fatiga crónica e inflamación intestinal.

En cambio los fragmentos más pequeños (péptidos) procedentes de la hidrólisis parcial de las caseinas, sí pueden atravesar las paredes intestinales cuando la mucosa no está equilibrada. En la mucosa intestinal los linfocitos B fabrican anticuerpos, las inmunoglobulinas que se unen a los péptidos antígenos, formando antígeno-anticuerpos, para evitar la absorción de estas moléculas o fragmentos proteicos extraños. Pero cuando este mecanismo falla, estas moléculas extrañas pasan al hígado desde la absorción a través de la vena porta, para ser desactivadas; pero si el hígado está sobrecargado y no puede neutralizarlas, pasan al bazo donde actúan los linfocitos T supresores. Si la actividad neutralizadora del hígado y del bazo es insuficiente, entonces pueden quedar adheridos en las paredes de los vasos sanguineos y capilares además de acumularse en los líquidos intersticiales, pudiendo sobrecargar por último los riñones, que intentarían eliminarlas por la orina.

Se calculan unas 25 proteínas de comportamiento antígeno presentes en la leche de vaca, de las cuales la caseína y la gammaglobulina bovina, son las que más reacción inmunológica producen en el organismo humano. El cuerpo se defiende de estas proteínas, considerándolas extrañas y dañinas.

El organismo debe de tener la cantidad necesaria de elementos inmunes, anticuerpos (IgA, IgG, IgM). Si las condiciones son normales el intestino elimina el material morbígeno deficientemente descompuesto de la digestión de las proteínas lácteas. Pero si por ejemplo existe deficiencia de IgA, proteínas como la caseína láctea y otras son absorbidas por el flujo sanguíneo, y contribuyen a la génesis de un estado congestivo antes descrito, causante de enfermedades como el asma, las alergias ORL, artritis, diabetes, nefrosis, arterosclerosis, etc, que provoca pérdida de proteínas por la orina, infecciones, incremento de la mucosidad y de la flema, acumulación de depósitos y la generación de estructuras densas en el aparato reproductor femenino, genitales.

En cuanto a la diabetes, se ha observado una relación directa entre el consumo de lácteos y sus proteínas con el incremento de la diabetes sobretodo juvenil.

Según estudios hechos en el Hospital de Toronto por el Dr. Hans y el Dr.Michael Dosh, los anticuerpos generados en el niños por el consumo de lácteos reacciona con la molecula p69 de las células pancreáticas de los islotes de Langerhans, explicando el espectacular aumento de la diabetes en los años 60 en EEUU y en Europa. Un estudio en Finlandia revela que los niños diabéticos tienen ocho veces más anticuerpos frente a las proteínas de la leche de vaca que los niños sanos. Otros estudios como el publicado en el N. EnglandJ. Med. 327:302-307, en 1992, o el del Dr. Americano Scott, relacionan las proteínas lácteas con la diabetes insulino-dependiente.

En relación con lo anteriormente expuesto la deficiencia en IgA, es una de causas de muchos problemas inmunológicos. Esta deficiencia aparece de forma natural en los niños recién nacidos, debido a la falta de maduración de su sistema inmune, por esto la leche humana materna proporciona las cantidades necesarias de IgA al bebé. En cambio la leche de vaca carece de este elemento.

En resumen las proteínas lácteas tienen un alto contenido en antígenos, que provocan en nuestro sistema inmunológico una reacción defensiva, y que con el tiempo lo debilitan, haciéndonos más vulnerables a las enfermedades.

La lactosa un carbohidrato difícil de utilizar

La lactosa que es un disacárido (galactosa+glucosa), es el azúcar de la leche. El organismo para su digestión y absorción tiene que desdoblarlo o hidrolizarlo para lo cual necesita de una enzima llamada lactasa. El organismo con la edad va disminuyendo la producción de lactasa, dependiendo de las razas. En la raza blanca, donde algunos pueblos han consumido leche tradicionalmente, la lactasa tiene una lenta disminución a partir de los 3 años. En cambio en razas como la negra, solo hay lactasa hasta los 3 años, después desaparece.

Se dice que la razón por la que en determinadas razas blancas existe lactasa después de los 3 años es porque hay una relación directa entre la lactasa y la melanina responsable de la pigmentación de la piel. Los hombres que viven en zonas frías y tienen poca radiación solar, necesitan tener la piel más blanca para absorber la luz del sol, y de esa manera producir más vitamina D, necesaria para la absorción del calcio. La leche juega a favor de este mecanismo del calcio, y el organismo mantiene esta enzima para que sea posible su absorción y digestión.

Es posible como se describe anteriormente que la existencia de lactasa por encima de los 3 años se deba a la circunstancia del consumo de leche, pues no existe ningún alimento mas que contenga lactosa.

Entre los consumidores de leche nos encontramos con personas que dicen digerir bien la leche, en realidad toleran la leche por mantener a estas edades suficiente producción de lactasa.

También nos encontramos otros muchos consumidores de leche y lácteos, que digieren mal la leche y otros lácteos, o que sufren de enfermedades como alergias, intolerancias, asma, problemas de piel, trastornos digestivos, etc., y que sus dolencias están directamente relacionadas con el consumo de leche y lácteos.

Estas personas que tienen un nivel bajo de lactasa, su intestino no puede hidrolizar la lactosa y ésta es fermentada por distintas bacterias, generando un efecto hiperósmico en las paredes intestinales, llamado hiperpermeabilidad intestinal, causando meteorismo, inflamación e irritación intestinal, flatulencias, diarreas o estreñimiento, que no es otra cosa que la denominada intolerancia a la lactosa.

Esta fermentación anómala de la lactosa genera un efecto acidificador del organismo, reflejado en un aumento del nitrógeno en individuos con poca cantidad de lactasa. Además se ha comprobado que la reactividad ante las proteínas lácteas, antes descrita, aumenta con la intolerancia a la lactosa.

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